martes, 11 de junio de 2013

Ecosocialismo (II): El modelo antropológico y sus consecuencias (parte 2)

La mercantilización de muchos ámbitos de nuestra vida (trabajo, ocio, relaciones sociales/amorosas, etc.) dificulta enormemente el cambio social necesario para transformar nuestra forma de vivir en el mundo. Tras cuatrocientos años de capitalismo (y en especial durante el último siglo) hemos normalizado conductas, deseos y aptitudes que son totalmente contrarias a la idea de sostenibilidad. Es por lo tanto indispensable un cambio cultural.

La necesidad de un cambio cultural

Es necesario un cambio de nuestra forma de vivir en el mundo, de nuestros objetivos y de qué papel debe jugar el ámbito productivo durante nuestra vida. Jorge Riechmann lo resume en un conjunto de valores y aptitudes que deberían conformar los pilares de la nueva sociedad.

Por un lado es necesario desactivar los mecanismos de creación de insatisfacción del capitalismo consumista. Es necesario relegar el hedonismo a un segundo plano y aprender a vivir de forma colectiva, contemplativa y sosegada. Cierto grado de dominio sobre el medio ambiente es necesario para vivir en sociedad, pero un exceso se vuelve contraproducente pues disminuye las posibilidades de ser feliz y pone en riesgo la viabilidad a largo plazo de las estructuras sociales.

Es precisa también una idea positiva de la limitación. Los limites ecológicos que debemos asumir no debemos asumirlos como restrictivos, sino como un marco que nos permite desarrollar nuestras capacidades sin invadir la libertad de otros (de nuestra propia generación o de las siguientes, humanos y no humanos).

Además el ser humano está dotado de lenguaje, puede dejar de lado su prometeísmo desenfrenado de crear a través de la tecnociencia y podrá seguir teniendo un abanico interminable de posibilidades de crear y de reinventarse.

Vivir con menos es vivir mejor. Los socialistas de antaño planteaban el socialismo como «vivir en la abundancia» y sigue siendo cierto, pero no en una abundancia material, sino en una abundancia de tiempo, de vida social y política… en definitiva en un abanico mucho más amplio para desarrollarse como seres humanos.

Nihilismo, fascismo y transhumanismo

La crítica al sistema capitalista ha ido adaptando sus discursos a medida que se hacían evidentes sus insuficiencias, sus excesos y su dinámica antihumanista y antiecológica. Hoy, las externalidades del sistema capitalista son más conocidas que nunca y es necesario vertebrar un discurso que ponga de manifiesto todas las contradicciones que presenta el sistema con la posibilidad de desarrollar una vida feliz, sostenible e igualitaria sobre la Tierra.

El capital es esencialmente nihilista, la desregulación de los mercados convierte a las personas y al medio ambiente en simples mercancías y, de producirse, su felicidad y sostenibilidad son simples efectos secundarios de la economía de mercado.

Al no ser la felicidad del ser humano el centro de la economía, la cual es capitalcentrista, surgen argumentos que incluso buscan modificar la esencia humana para hacer del Homo sapiens una especie perfecta (en un sentido productivo claro).

Este nuevo proyecto de perfectibilidad humana busca superar a los anteriores (nazismo, estalinismo…) pues no intenta modificar a los seres humanos durante su vida en sociedad con discursos políticos que estimulen el miedo o el odio, sino que busca modificar su carga genética, su base biológica. Que nazcan seres «perfectos», inmortales y que nunca enfermen, que siempre sean lo máximo de productivos para poder vivir como un buen Homo economicus al servicio del sistema.

Es interesante ver como al repetirse los mismo errores (desregularización de los mercados, crisis económica…) resurgen los mismos monstruos. ¿A dónde nos llevará el sistema en un contexto de recursos limitados?

La lucha por los recursos (y los nuevos proyectos transhumanistas y eugenésicos) pueden llevarnos a un escenario no muy diferente al de la Alemania nazi, salvo por una excepción: el potencial destructivo de hoy es muy superior al de inicios del siglo XX.

El «No hay bastante para todos» o «Primero los de casa»1 pueden ser los discursos del mañana y forjar un nuevo proyecto antihumanista que ponga contra las cuerdas la supervivencia de las sociedades.

Si no somos capaces de abordar un programa político basado en el decrecimiento y en el reparto de la riqueza, mañana estaremos abocados al nazismo. En tiempos de crisis la tecnocracia se impone a la democracia, los mercados se imponen a los pueblos y los diferentes devienen enemigos.


[1] «Primer els de casa» fue el lema de campaña del partido Plataforma per Catalunya (PxC)

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